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domingo, 2 de marzo de 2014

Certaldo y Vargas Llosa


La pasada semana publicaba Mario Vargas Llosa un artículo en el diario El País sobre Boccaccio y su pueblo natal, Certaldo. Ha sido uno de los lugares visitados este verano en la Toscana y entiendo perfectamente la emoción del Vargas Llosa al pasear por las callejuelas de Certaldo. 
El pueblecito toscano de Certaldo conserva sus murallas medievales, pero la casa donde hace siete siglos nació Giovanni Boccaccio fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. Ha sido reconstruida con esmero y desde su elevada terraza se divisa un paisaje de suaves colinas con olivares, cipreses y pinos que remata, en una cumbre lejana, con las danzarinas torres de San Gimignano.
Lo único que queda del ilustre polígrafo es una zapatilla de madera y piel carcomida por el tiempo; apareció enterrada en un muro y acaso no la calzó él sino su padre o alguno de los sirvientes de la casa. Hay una biblioteca donde se amontonan los centenares de traducciones del Decamerón a todas las lenguas del mundo y vitrinas repletas con los estudios que se le dedican. El pueblecito es una joya de viviendas de ladrillos, tejas y vigas centenarias, pero minúsculo, y uno se pregunta cómo se las arregló el señor Boccaccio papá para, en lugar tan pequeño, convertirse en un mercader tan próspero. Giovanni era hijo natural, reconocido más tarde por su progenitor y se ignora quién fue su madre, una mujer sin duda muy humilde. De Certaldo salió el joven Giovanni a Nápoles, a estudiar banca y derecho, para incrementar el negocio familiar, pero allí descubrió que su vocación eran las letras y se dedicó a ellas con pasión y furia erudita. Eso hubiera sido sin la peste negra que devastó Florencia en 1348: un intelectual de la elite, amante de los clásicos, latinista, helenista, enciclopédico y teólogo.
Tenía unos 35 años cuando las ratas que traían el virus desde los barcos que acarreaban especias del Oriente, llegaron a Florencia e infectaron la ciudad con la pestilencia que exterminó a 40.000 florentinos, la tercera parte de sus habitantes. La experiencia de la peste alejó a Boccaccio de los infolios conventuales, de la teología y los clásicos griegos y latinos (volvería años más tarde a todo ello) y lo acercó al pueblo llano, a las tabernas y a los dormideros de mendigos, a los dichos de la chusma, a su verba deslenguada y a la lujuria y bellaquerías exacerbadas por la sensación de cataclismo, de fin del mundo, que la epidemia desencadenó en todos los sectores, de la nobleza al populacho. Gracias a esta inmersión en el mundanal ruido y la canalla con la que compartió aquellos meses de horror, pudo escribir el Decamerón, inventar la prosa narrativa italiana e inaugurar la riquísima tradición del cuento en Occidente, que prolongarían Chaucer, Rabelais, Poe, Chéjov, Conrad, Maupassant, Chesterton, Kipling, Borges y tantos otros hasta nuestros días.
Gracias a esos relatos irreverentes y geniales se convirtió en un escritor inmensamente popular.
No se sabe dónde escribió Boccaccio el centenar de historias del Decamerón entre 1348 y 1351 —bien pudo ser aquí, en su casa de Certaldo, donde vendría a refugiarse cuando las cosas le iban mal—, pero sí sabemos que, gracias a esos cuentos licenciosos, irreverentes y geniales, dejó de ser un intelectual de biblioteca y se convirtió en un escritor inmensamente popular. La primera edición del libro salió en Venecia, en 1492. Hasta entonces se leyó en copias manuscritas que se reprodujeron por millares. Esa multiplicación debió de ser una de las razones por las que desistió de intentar quemarlas cuando, en su cincuentena, por un recrudecimiento de su religiosidad y la influencia de un fraile cartujo, se arrepintió de haberlo escrito debido al desenfado sexual y los ataques feroces contra el clero que contiene el Decamerón.Su amigo Petrarca, gran poeta que veía con desdén la prosa plebeya de aquellos relatos, también le aconsejó que no lo hiciera. En todo caso, era tarde para dar marcha atrás; esos cuentos se leían, se contaban y se imitaban ya por media Europa. Siete siglos más tarde, se siguen leyendo con el impagable placer que deparan las obras maestras absolutas.
En la veintena de casitas que forman el Certaldo histórico —un palacio entre ellas— hay una pequeña trattoria que ofrece, todas las primaveras, “El suntuoso banquete medieval de Boccaccio”, pero, como es invierno, debo contentarme con la modesta ribollita toscana, una sopa de migas y verdura, y un vinito de la región que rastrilla el paladar. En los carteles que cuelgan de las paredes de su casa natal, uno de ellos recuerda que, en la década de 1350 a 1360, entre los mandados diplomáticos y administrativos que Boccaccio hizo para la Señoría florentina, figuró el que debió conmoverlo más: llevar de regalo diez florines de oro a la hija de Dante Alighieri, Sor Beatrice, monja de clausura en el monasterio de Santo Stefano degli Ulivi, en Rávena.
Descubrió a Dante en Nápoles, de joven, y desde entonces le profesó una admiración sin reservas por el resto de la vida. En la magnífica exposición que se exhibe en estos días en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia —Boccaccio: autore e copista—, hay manuscritos suyos, de caligrafía pequeñita y pareja, copiando textos clásicos o reescribiendo en 1370, de principio a fin, veinte años después de haberlas escrito, las mil y pico de páginas del Decamerón que poco antes había querido destruir (era un hombre contradictorio, como buen escritor). Allí se ve a qué extremos llegó su pasión dantesca: copió tres veces en su vida la Comedia y una vez la Vita Nuova, para difundir su lectura, además de escribir la primera biografía del gran poeta y, por encargo de la Señoría, dictar 59 charlas en la iglesia de Santo Stefano di Badia explicando al gran público la riqueza literaria, filosófica y teológica del poema al que, gracias a él, comenzó a llamarse desde entonces “divino”.
En Certaldo se construyó hace años un jardín que quería imitar aquel en el que las siete muchachas y los tres jovencitos del Decamerón se refugian a contarse cuentos. Pero el verdadero jardín está en San Domenico, una aldea en las colinas que trepan a Fiesole, en una casa, Villa Palmieri,que todavía existe. De ese enorme terreno se ha segregado la Villa Schifanoia, donde ahora funciona el Instituto Universitario Europeo. Aquí vivió en el siglo XIX el gran Alejandro Dumas, que ha dejado una preciosa descripción del lugar. Nada queda, por cierto, de los jardines míticos, con lagos y arroyos murmurantes, cervatillos, liebres, conejos, garzas, y del soberbio palacio donde los diez jóvenes se contaban los picantes relatos que tanto los hacían gozar, descritos (o más bien inventados) por Boccaccio, pero el lugar tiene siempre mucho encanto, con sus parques con estatuas devoradas por la hiedra y sus laberintos dieciochescos, así como la soberbia visión que se tiene aquí de toda Florencia. De regreso a la ciudad vale la pena hacer un desvío a la diminuta aldea medieval de Corbignano, donde todavía sobrevive una de las casas que habitó Boccaccio y en la que, al parecer, escribió el Ninfale fiesolano; en todo caso, muy cerca de ese pueblecito están los dos riachuelos en que se convierten Africo y Mensola, sus personajes centrales.
Todo este recorrido tras sus huellas es muy bello pero nada me emocionó tanto como seguir los pasos de Boccaccio en Certaldo y recordar que, en este reconstruido local, pasó la última etapa de su vida, pobre, aislado, asistido sólo por su vieja criada Bruna y muy enfermo con la hidropesía que lo había monstruosamente hinchado al extremo de no poder moverse. Me llena de tristeza y de admiración imaginar esos últimos meses de su vida, inmovilizado por la obesidad, dedicando sus días y noches a revisar la traducción de la Odisea —Homero fue otro de sus venerados modelos— al latín hecha por su amigo el monje Leoncio Pilato.
Murió aquí, en 1375, y lo enterraron en la iglesita vecina de los Santos Jacobo y Felipe, que se conserva casi intacta. Como en el Certaldo histórico no hay florerías, me robé una hoja de laurel del pequeño altar y la deposité en su tumba, donde deben quedar nada más que algunos polvillos del que fue, y le hice el más rápido homenaje que me vino a la boca: “Gracias, maestro".

viernes, 27 de septiembre de 2013

Cuento de Quiquibio

NOVELA CUARTA (Jornada sexta) Quiquibio, cocinero de Currado Gianfigliazzi, con unas rápidas palabras cambió a su favor en risa la ira de Currado y se salvó de la desgracia con que Currado le amenazaba. Se callaba ya Laureta y por todos había sido muy alabada Nonna, cuando la reina ordenó a Neifile que siguiese; la cual dijo: Por mucho que el rápido ingenio, amorosas señoras, con frecuencia preste palabras rápidas y útiles y buenas a los decidores, según los casos, también la fortuna, que alguna vez ayuda a los temerosos, en sus lenguas súbitamente las pone cuando nunca los decidores hubieran podido hallarlas con ánimo sereno; lo que con mi historia entiendo mostraros. Currado Gianfigliazzi , como todas vosotras habéis oído y podido ver, siempre ha sido en nuestra ciudad un ciudadano notable, liberal y magnífico, y viviendo caballerescamente continuamente se ha deleitado con perros y aves de caza, para no entrar ahora en sus obras mayores. El cual, con un halcón suyo habiendo cazado un día en Perétola una grulla muerta, encontrándola gorda y joven la mandó a un buen cocinero suyo que se llamaba Quiquibio y era veneciano, y le mandó decir que la asase para la cena y la preparase bien. Quiquibio, que era un fantoche tan grande como lo parecía, preparada la grulla, la puso al fuego y con solicitud comenzó a guisarla. La cual, estando ya casi guisada y despidiendo un grandísimo olor, sucedió que una mujercita del barrio, que se llamaba Brunetta y de quien Quiquibio estaba muy enamorado, entró en la cocina y sintiendo el olor de la grulla y viéndola, rogó insistentemente a Quiquibio que le diese un muslo. Quiquibio le contestó cantando y dijo: -No os la daré yo, señora Brunetta, no os la daré yo. Con lo que, enfadándose la señora Brunetta, le dijo: -Por Dios te digo que si no me lo das, nunca te daré yo nada que te guste. Y en resumen, las palabras fueron muchas; al final, Quiquibio, para no enojar a su dama, tirando de uno de los muslos de la grulla se lo dio. Habiendo luego delante de Currado y algunos huéspedes suyos puesto la grulla sin muslo, y maravillándose Currado de ello, hizo llamar a Quiquibio y le preguntó qué había sucedido con el otro muslo de la grulla. El veneciano mentiroso le respondió: -Señor mío, las grullas no tienen más que un muslo y una pata. Currado, entonces, enojado, dijo: -¿Cómo diablos no tienen más que un muslo y una pata? ¿No he visto yo en mi vida más grullas que ésta? Quiquibio siguió: -Es, señor, como os digo; y cuando os plazca os lo haré ver en las vivas. Currado, por amor a los huéspedes que tenía consigo, no quiso ir más allá de las palabras, sino que dijo: -Puesto que dices que me lo mostrarás en las vivas, cosa que nunca he visto ni oído que fuese así, quiero verlo mañana por la mañana, y me quedaré contento; pero te juro por el cuerpo de Cristo que, si de otra manera es, te haré azotar de manera que por tu mal te acordarás siempre que aquí vivas de mi nombre. Terminadas, pues, por aquella tarde las palabras, a la mañana siguiente, al llegar el día, Currado, a quien no le había pasado la ira con el sueño, lleno todavía de rabia se levantó y mandó que le llevasen los caballos y haciendo montar a Quiquibio en una mula, hacia un río en cuya ribera siempre solía, al hacerse de día, verse a las grullas, lo llevó, diciendo: -Pronto veremos quién ha mentido ayer tarde, si tú o yo. Quiquibio viendo que todavía duraba la ira de Currado y que tenía que probar su mentira, no sabiendo cómo podría hacerlo, cabalgaba junto a Currado con el mayor miedo del mundo, y de buena gana si hubiese podido se habría escapado; pero no pudiendo, ora hacia atrás, ora hacia adelante y a los lados miraba, y lo que veía creía que eran grullas sobre sus dos patas. Pero llegados ya cerca del río, antes que nadie vio sobre su ribera por lo menos una docena de grullas que estaban sobre una pata como suelen hacer cuando duermen. Por lo que, rápidamente mostrándolas a Currado, dijo: -Muy bien podéis, señor, ver que ayer noche os dije la verdad, que las grullas no tienen sino un muslo y una pata, si miráis a las que allá están. Currado, viéndolas, dijo: -Espérate que te enseñaré que tienen dos. -Y acercándose un poco más a ellas, gritó-: ¡Hohó! Con el cual grito, sacando la otra pata, todas después de dar algunos pasos comenzaron a huir; con lo que Currado, volviéndose a Quiquibio, dijo: -¿Qué te parece, truhán? ¿Te parece que tienen dos? Quiquibio, casi desvanecido, no sabiendo él mismo de dónde le venía la respuesta, dijo: -Señor, sí, pero vos no le gritasteis «¡hohó!» a la de anoche: que si le hubieseis gritado, habría sacado el otro muslo y la otra pata como hacen éstas. A Currado le divirtió tanto la respuesta, que toda su ira se convirtió en fiestas y risa, y dijo: -Quiquibio, tienes razón: debía haberlo hecho. Así pues, con su rápida y divertida respuesta, evitó la desgracia y se reconcilió con su señor.

martes, 24 de septiembre de 2013

Sepulcro de Dante en Ravenna



Maravillas florentinas


Seguimos paseando por Florencia y por el Renacimiento



                                                                                 Casa de Dante 

                                                                                    Il Duomo
 
                                                             ¿Hace falta presentarlo?

Los tres grandes


Cuando se pasea por Florencia, nos podemos encontrar maravillas literarias como estas. Aquí os presento a los tres grandes de la literatura renacentista:

                                                                             Dante
                                                                         Petrarca
                                                                        Boccaccio

Acertijo...


En la casa de Boccaccio, en Certaldo, a su entrada podemos encontrar esta pintura. Corresponde a uno de los cuentos de la jornada VII  del Decamerón que acabamos de leer. ¿Cuál?

Certaldo


                                                         Casa de Boccaccio




viernes, 24 de mayo de 2013

Proemio. El Decamerón


COMIENZA EL LIBRO LLAMADO DECAMERÓN, APELLIDADO PRÍNCIPE GALEOTO, EN EL QUE SE CONTIENEN CIEN NOVELAS CONTADAS EN DIEZ DÍAS POR SIETE MUJERES Y POR TRES HOMBRES JÓVENES.
HUMANA cosa es tener compasión de los afligidos, y aunque a todos conviene sentirla, más propio es que la sientan aquellos que ya han tenido menester de consuelo y lo han encontrado en otros: entre los cuales, si hubo alguien de él necesitado o le fue querido o ya de él recibió el contento, me cuento yo. Porque desde mi primera juventud hasta este tiempo habiendo estado sobremanera inflamado por altísimo y noble amor (tal vez, por yo narrarlo, bastante más de lo que parecería conveniente a mi baja condición aunque por los discretos a cuya noticia llegó fuese alabado y reputado en mucho), no menos me fue grandísima fatiga sufrirlo: ciertamente no por crueldad de la mujer amada sino por el excesivo fuego concebido en la mente por el poco dominado apetito, el cual porque con ningún razonable límite me dejaba estar contento, me hacía muchas veces sentir más dolor del que había necesidad. Y en aquella angustia tanto alivio me procuraron las afables razones de algún amigo y sus loables consuelos, que tengo la opinión firmísima de que por haberme sucedido así no estoy muerto. Pero cuando plugo a Aquél que, siendo infinito, dio por ley inconmovible a todas las cosas mundanas el tener fin, mi amor, más que cualquiera otro ardiente y al cual no había podido ni romper ni doblar ninguna fuerza de voluntad ni de consejo ni de vergüenza evidente ni ningún peligro que pudiera seguirse de ello, disminuyó con el tiempo, de tal guisa que sólo me ha dejado de sí mismo en la memoria aquel placer que acostumbra ofrecer a quien no se pone a navegar en sus más hondos piélagos, por lo que, habiendo desaparecido todos sus afanes, siento que ha permanecido deleitoso donde en mí solía doloroso estar. Pero, aunque haya cesado la pena, no por eso ha huido el recuerdo de los beneficios recibidos entonces de aquéllos a quienes, por benevolencia hacia mí, les eran graves mis fatigas; ni nunca se irá, tal como creo, sino con la muerte. Y porque la gratitud, según lo creo, es entre las demás virtudes sumamente de alabar y su contraria de maldecir, por no parecer ingrato me he propuesto prestar algún alivio, en lo que puedo y a cambio de los que he recibido (ahora que puedo llamarme libre), si no a quienes me ayudaron, que por ventura no tienen necesidad de él por su cordura y por su buena suerte, al menos a quienes lo hayan menester. Y aunque mi apoyo, o consuelo si queremos llamarlo así, pueda ser y sea bastante poco para los necesitados, no deja de parecerme que deba ofrecerse primero allí donde la necesidad parezca mayor, tanto porque será más útil como porque será recibido con mayor deseo. ¿Y quién podrá negar que, por pequeño que sea, no convenga darlo mucho más a las amables mujeres que a los hombres? Ellas, dentro de los delicados pechos, temiendo y avergonzándose, tienen ocultas las amorosas llamas (que cuán mayor fuerza tienen que las manifiestas saben quienes lo han probado y lo prueban); y además, obligadas por los deseos, los gustos, los mandatos de los padres, de las madres, los hermanos y los maridos, pasan la mayor parte del tiempo confinadas en el pequeño circuito de sus alcobas, sentadas y ociosas, y queriendo y no queriendo en un punto, revuelven en sus cabezas diversos pensamientos que no es posible que todos sean alegres. Y si a causa de ellos, traída por algún fogoso deseo, les invade alguna tristeza, les es fuerza detenerse en ella con grave dolor si nuevas razones no la remueven, sin contar con ellas son mucho menos fuertes que los hombres; lo que no sucede a los hombres enamorados, tal como podemos ver abiertamente nosotros. Ellos, si les aflige alguna tristeza o pensamiento grave, tienen muchos medios de aliviarse o de olvidarlo porque, si lo quieren, nada les impide pasear, oír y ver muchas cosas, darse a la cetrería, cazar o pescar, jugar y mercadear, por los cuales modos todos encuentran la fuerza de recobrar el ánimo, o en parte o en todo, y removerlo del doloroso pensamiento al menos por algún espacio de tiempo; después del cual, de un modo o de otro, o sobreviene el consuelo o el dolor disminuye. Por consiguiente, para que al menos por mi parte se enmiende el pecado de la fortuna que, donde menos obligado era, tal como vemos en las delicadas mujeres, fue más avara de ayuda, en socorro y refugio de las que aman (porque a las otras les es bastante la aguja, el huso y la devanadera) entiendo contar cien novelas, o fábulas o parábolas o historias, como las queramos llamar, narradas en diez días, como manifiestamente aparecerá, por una honrada compañía de siete mujeres y tres jóvenes, en los pestilentes tiempos de la pasada mortandad, y algunas canciones cantadas a su gusto por las dichas señoras. En las cuales novelas se verán casos de amor placenteros y ásperos, así como otros azarosos acontecimientos sucedidos tanto en los modernos tiempos como en los antiguos; de los cuales, las ya dichas mujeres que los lean, a la par podrán tomar solaz en las cosas deleitosas mostradas y útil consejo, por lo que podrán conocer qué ha de ser huido e igualmente qué ha de ser seguido: cosas que sin que se les pase el dolor no creo que puedan suceder. Y si ello sucede, que quiera Dios que así sea, den gracias a Amor que, librándome de sus ligaduras, me ha concedido poder atender a sus placeres.

Pregunta 2. El Decamerón y la obra literaria de Boccacccio


Boccaccio está considerado el creador de la prosa italiana y el primer narrador moderno por su obra maestra El Decamerón, con la que consiguió en su madurez la gloria literaria definitiva.  Está compuesta en lengua vulgar para un público  que era la próspera clase mercantil, con voluntad de escritura y de experimentación literaria. Es una colección completa de cien cuentos de diversa procedencia, desde la tradición oriental a la tradición  occidental romance.   Los cuentos son narrados por diez jóvenes (siete damas y tres caballeros) que se retiran a una villa a las afueras de Florencia para protegerse  de la Peste Negra de 1348 que asoló la ciudad. La obra se inicia con la descripción de la peste bubónica. Durante diez días ( “ diez días” es el significado del término Decamerón), cada uno de ellos reinará en una jornada en la que se relatan cuentos y se realizan actividades. De este modo, los cien cuentos vienen agrupados en diez jornadas. Cada rey o reina propone un tema determinado (salvo la primera y la novena, de temas libres)  y todos los jóvenes tendrán que relatar un cuento sobre la propuesta. Cada jornada termina con una canzona para bailar entonada por uno de los narradores. La estructura de cada jornada es férrea.
La mayoría de los relatos desarrollan temas de la tradición literaria anterior, tanto europea como oriental, o de las narraciones de la tradición oral. Boccaccio reunió material de diversas fuentes como los clásicos griegos y latinos, flabiaux franceses, relatos populares, la vida italiana de la época… En la historia de mucho de estos cuentos destaca el componente erótico, pero lo que más sobresale es el ingenio de los personajes para realizar sus intenciones. Situó los cuentos en lugares de Europa y del Mediterráneo por todos conocidos, en ciudades italianas, en París o Alejandría y les da a los personajes nombres y apellidos conocidos, desfilando por el Decamerón cientos de personajes reales y famosos, desconocidos o inventados, que permiten realizar una crítica de las diferentes clases sociales y de los personajes tipos.
En el Decamerón aparecen tres grandes temas: 1) la exaltación del ingenio y la astucia para lograr los propios fines, 2) la fuerza del amor, motor del mundo y 3)  el elogio del ideal cortés de la sociedad mercantil. Son temas plenamente renacentistas, ya que se ocupa solo de temas humanos, sin mencionar aspectos religiosos o teológicos. Los subtemas son muy variados: los licenciosos, amores trágicos, amores con final feliz,  sentimentales, moralizantes… etc.
El Decamerón constituye la superación del medievalismo, una nueva visión del mundo terreno y material: de lo estrictamente religioso se pasa a lo estrictamente laico, de los moralizante a lo pagano humanista.  La obra nace de una ideología burguesa y moderna (“ la epopeya de los comerciantes” según Branca) , triunfando la inteligencia humana. A la cultura religiosa medieval de la penitencia se opone la cultura laica de la inteligencia. De este modo, la cosmovisión medieval basada en la preocupación por el pecado y en el sentimiento de culpa queda superada por una visión gozosa y placentera de la existencia.
El Decamerón rompió con la tradición literaria y, por primera vez, el hombre se  presenta como artífice de su destino, más que como un ser a merced de la gracia divina.
Obra literaria
Boccaccio escribió numerosas obras en su lengua vernácula (vulgar florentino) y algunas en latín de carácter erudito.  Entre las primeras destacamos:
Caccia di Diana, escrita durante su estancia napolitana. Un grupo de jóvenes napolitanas participan en una cacería especial bajo la protección de Diana y sus presas se convertirán en apuestos jóvenes. En ella el autor refleja su predilección por situar el amor en el centro de su mundo literario, su atención al protagonismo femenino, su gusto por mezclar fuentes de la tradición literaria y su habilidad para adaptarse a los gustos del receptor.
El Filocolo, es una muestra de novela de aventuras o bizantina compuesta por cinco libros en los que aparecen casi todos los modelos narrativos: novela sentimental, pastoril, griega, el mito… Relata la historia de Flores y Blancaflor. Ya aparece el esquema compositivo que posteriormente veremos en el Decamerón.
El Filostrato, poema caballeresco, en verso narrativo, donde con un argumento mitológico, el autor se refiere a sus amores con Fiammetta ( presenta los amores de Troilo y Criseida).
Ninfeo de Ameto, novela pastoril en la que se combina el verso y la prosa y en la que se muestra también el engaste narrativo del  Decamerón.
Amorosa Visione, poema  en el que quiere glorificar a Fiammetta inspirado en la Divina Comedia de Dante.
Elegia di Madonna Fiammetta, en ella relata su aventura amorosa juvenil con Fiammetta, en un tono elegíaco, aunque en esta ocasión ella será abandonada por su amante, Pánfilo. Boccaccio impulsará con esta obra un género de novela nuevo en el que predomina lo sentimental  y lo psicológico y que contribuirá a la creación de la novela sentimental española del siglo XV.
Ninfale  fiesolano, poema  en un tono popular en el que se cuenta la historia de un pastor y una ninfa convertidos en  ríos. Inaugura otro género típico del Renacimiento, la novela pastoril con incrustación de versos.
El Corbacho, enlaza con la literatura misógina tan difundida en la tradición literaria europea latina y románica. La mujer, divinizada por Dante y Petrarca, es contemplada con absoluto realismo y humanidad. El Arcipreste de Talavera recoge este título en su obra homónima.
BOCCACCIO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA
-          La Elegía de Madonna Fiammetta fue el modelo de la novela sentimental española del siglo XV.  Podemos ver su rastro en novelas como Siervo libre de amor de Jorge Rodríguez Padrón y en Cárcel de amor de Diego de San Pedro.
-          A mitad del siglo XV el Arcipreste de Talavera escribe El Corbacho, obra con el mismo título y el mismo carácter antifeminista.
-          La Comedia de las ninfas florentinas y el Ninfale fiesolano van a ser las precursoras de la novela pastoril, género de gran desarrollo en la literatura europea del siglo XVI. En España destacan obras como:
La Diana de Jorge de Montemayor
La Diana enamorada de Gaspar Gil Polo
La Galatea de Cervantes
La Arcadia de Lope de Vega

Pero sin duda alguna la obra más influyente fue el Decamerón. En España hay menciones de la obra desde 1440, en El Escorial se conserva el manuscrito más antiguo de la obra en castellano de mitad del siglo XV. La obra se edita por primera vez en Sevilla en 1496 y seguidamente en Toledo.
El género de relato corto o novela corta tardó en cuajar en nuestra literatura. Son obras deudoras: Las novelas ejemplares de Cervantes y las Novelas de Marcia Leonarda de Lope de Vega.

Pregunta 1 Boccaccio y su época


Boccaccio y su época
Giovanni Boccaccio es, junto con Dante y Petrarca, uno de los creadores de la literatura italiana y de la cultura renacentista europea. Nacido en Certaldo, fue hijo ilegítimo de un agente comercial florentino. Vive una infancia estable en Florencia y ya adolescente es enviado por su padre a Nápoles con el fin de aprender el oficio mercantil. Ante su escaso interés por este trabajo se inicia en los estudios de Derecho Canónico, aunque su verdadera vocación la encuentra  en los estudios humanísticos, sobre todo, la cultura grecolatina y la cultura cortesana francesa. Aquí fue amante de una dama, María de Aquino, inspiradora del personaje literario femenino de Fiammetta.
En 1340 es llamado por su padre a Florencia y se hace cargo del patrimonio familiar tras el fallecimiento de aquel. Desempeñó cargos diplomáticos y viajó por Italia y la Provenza, cultivando amistades tan importantes como la de Petrarca, gracias a quien se conservó el manuscrito del Decamerón, y dedicándose a las letras. Vivió sus últimos años en Certaldo, entregándose a la meditación religiosa y a la labor erudita, falleciendo en 1375 y dejando tras de sí fieles discípulos florentinos.
La vida de Boccaccio no fue del todo agradable, con una economía endeble, fue desventurado como hijo, rechazado por sus amantes y no logró en vida el reconocimiento que merecía, sin embargo, a menudo adoptó una ironía desencantada, reflejo de la comprensión de la época de transformaciones que vivió. Boccaccio es considerado el creador de un modelo de prosa que está en el origen de  la novella italiana y es el renovador de la antigua épica.
Boccaccio abandonó los ideales medievales de los siglos XIII y XIV y sienta las bases tanto del Humanismo como del Renacimiento. Nos encontramos en el siglo XIV, en Italia. La Peste Negra, el mosaico de ciudades-estados, las rivalidades entre señores feudales, la creciente burguesía urbana y los atisbos de Humanismo y Renacimiento son los hilos que tejen el contexto que envuelven al autor y a su obra cumbre, El Decamerón.
El auge y poder de la burguesía en las ciudades-estado italianas produjeron un cambio en las estructuras económicas. El dinero cobra gran importancia y el individuo, con mayor arraigo terrenal, otorga nuevo valor a los bienes materiales. La ciudad  de Florencia es la cuna del Renacimiento europeo y entre los siglos XIII y XIV vive un periodo de excepcional esplendor gracias a que su industria textil encabezaría la economía europea. En la Italia medieval se establecieron los comuni  como ciudades independientes de un señor feudal y la burguesía aparece ya como la primera fuerza social, caracterizada por la mentalidad comercial y destacando en ella la figura del “mercator”. Por primera vez en la historia de la Literatura, Boccaccio considera a la burguesía como protagonista de una obra literaria. Las grandes ciudades italianas, nacidas y enriquecidas por las corrientes mercantiles, fueron Florencia, Venecia, Milán y Roma.
La gran Peste Negra de 1348, que llega a Florencia desde China, frenó este periodo de esplendor económico, político y social, desolador momento en el que Boccaccio  encuentra la inspiración a su obra.
Destaca el fortalecimiento del espíritu laico gracias a la incorporación de seglares al mundo de la cultura. Nacen universidades laicas y este proyecto laico de vida pronto tendrá la réplica de la Iglesia mediante la literatura piadosa, el arte como recurso para evangelizar  y la Inquisición. Así como la Edad Media fue una constante visión de Dios  y una interpretación de la vida como preparación para la muerte, el Renacimiento fue un amor extremado a la vida terrena, la belleza y la naturaleza.
El Humanismo es el movimiento intelectual que nace en Italia en el siglo XIV y se extendió por Europa a partir del siglo XV. Las ciudades donde más se desarrolló el Humanismo fueron Florencia, Venecia, Bolonia, París, Oxford, Alcalá de Henares y Salamanca. El hombre es considerado el centro de la creación y este nuevo ideal antropocéntrico, ya imperante en la antigüedad grecolatina, toma como modelo el mundo clásico. La atención principal estuvo puesta en el estudio y traducción de las obras clásicas del latín y griego así como en la difusión de los textos de autores clásicos y de los humanistas italianos. Se sigue a autores romanos como Cicerón, Horacio o Virgilio y a autores griegos como Homero, Aristóteles y Platón. La invención de la imprenta permitió la difusión de la cultura y el pensamiento. En un gesto más de romper con lo medieval, las obras se escriben en la lengua vernácula (del país) y junto con el arte resucitó una pasión por la literatura en particular. En España, los humanistas más representativos fueron Elio Antonio de Nebrija, creador de la primera gramática castellana y Sánchez de las Brozas.
Tres son los escritores que presiden el tránsito entre la tradición medieval y el Renacimiento, hombres que se adelantaron al sentir de su tiempo: Dante Alighieri, la figura más representativa del Dolce Stil Nuovo y autor de obras como La Vita Nova y la Divina Comedia; Petrarca, autor de Canzoniere  y Boccaccio, creador de la prosa italiana y primer narrador moderno por su obra maestra, el Decamerón.
El Renacimiento italiano es bien conocido por sus logros culturales. Esto incluye creaciones literarias de Castiglione y Maquiavelo, obras de arte de Miguel Ángel y Da Vinci y grandes obras de arquitectura como la Iglesia de Santa María del Fiore en Florencia, y la Basílica de San Pedro en Roma.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Pregunta 5 Examen Decamerón


5.- Exprese su valoración personal del texto y relaciónelo con otras manifestaciones artísticas y temas de actualidad.
En este texto queda reflejado el  tema constante del triangulo amoroso (marido-mujer-amante) heredado de la tradición literaria: la mujer,  cansada de los celos de su marido, planea una burla a través de la cual consigue traicionarlo. Esta burla femenina presente ya en textos medievales como el Disciplina clericalis, el libro de Sendebar o el cuento de Pitas Payas  en el Libro de Buen Amor, deja patente la astucia femenina  para superar y  resarcirse de situaciones desfavorables. En el prólogo del Decamerón, Boccaccio defiende el placer y la libertad femeninos, denunciado la situación de encierro que viven muchas mujeres de la época. A través de esta literatura de evasión, no solo presenta mecanismos para poder expulsar la melancolía de las mujeres, sino también una vía de escape para contrarrestar la gravedad que supuso la Peste Negra de 1348. En el momento actual, sumidos en una profunda crisis económica, la literatura sigue representando este papel lúdico y de evasión.
El autor relata sin moralizar, con un estilo mordaz, lleno de humor y realismo, una historia de un adulterio, que  desde el punto de visto ético es indecente no solo por el propio engaño, sino por la burla planeada por la mujer y el juego psicológico con su marido, que termina sintiéndose culpable por ser celoso y renuncia a este sentimiento. Sin embargo, consigue que el lector apruebe este engaño y defienda la postura femenina de una mujer encerrada en casa debido a los celos y a la mentalidad burguesa de la época. En definitiva, está reivindicando con fuerza los derechos de la mujer en materia sexual y social, derechos que siguen conquistándose en la actualidad. Hoy en día la mujer ha conseguido acceder al trabajo, a la educación y a otros ámbitos sociales tras muchos siglos de luchas y de reivindicaciones. Sin embargo, no en todos los países ni en todas las culturas se ha conseguido llegar al mismo nivel que al hombre: trabajos con desigual remuneración, mujeres perseguidas por acceder a los estudios, apaleadas por adúlteras, etc.  Las tensiones matrimoniales han existido siempre y algunas desembocan en las infidelidades de las parejas  y en las transgresiones de las convenciones sociales, a veces hasta llegar al extremo de los malos tratos o de la violencia doméstica.
Respecto a la influencia del Decamerón en otras manifestaciones artísticas, destacamos la clara influencia en autores como Chaucer ( Cuentos de Canterbury), Margarita , reina de Francia(Heptamerón) o Leo Frobenius  (Decamerón Negro). En el siglo XV, Boticcelli refleja episodios de la jornada V, “El infierno de los amantes crueles”, al igual que lo hará Rubens en el XVII. Destacan también las pinturas de Waterhouse  y hasta ilustraciones de Dalí. En la música, también el Decamerón ha influido en autores como Albinoni, Vivaldi que se inspira en la historia de la paciente Griselda o Brouwer que compone El Decamerón Negro. Fregonese llevó al cine Decameron Nights, Pasolini El Decamerón, una de las más famosas adaptaciones de la obra,  y hace unos meses el director W. Allen ha estrenado A Roma con amor, cuyo título original era Bop Decamerón, película en la que presenta una historia costumbrista y el triángulo amoroso que siglos antes ya aparecía entre las páginas  de esta obra universal.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Pregunta 4 del examen del Decamerón

Aquí tenéis una posible respuesta a la pregunta 4 del examen
 Analice las características formales del fragmento: su técnica narrativa y los recursos expresivos empleados.
Técnica narrativa
La estructura  responde a la de un relato dentro de otro relato (tres marcos: marco del autor, marco del narrador, relato). El relato tiene una estructura lineal con un planteamiento (mujer en casa encerrada que decide ser infiel a su marido celoso), nudo ( la mujer descubre cuando va a confesarse que el cura es su marido disfrazado y lo engaña)  y un desenlace ( la mujer descubre al marido la burla tramada a causa de sus celos y consigue su fin, que su marido no sospeche más y poder mantener relaciones con su amante) al cual pertenece este fragmento.
El narrador es uno de los diez jóvenes que pasan juntos la jornada. Narra en tercera persona y con un punto de vista omnisciente (“tuvo a la mujer por sabia”). Los narratarios son los otros nueve jóvenes y el público femenino al que se dirige la obra.
Respecto al espacio, podemos distinguir entre un espacio externo, el Valle de las Damas, donde se desarrolla toda la VII jornada, y el espacio interno que se señala en el relato en sí, la casa del matrimonio, destacando el elemento de la puerta cerrada como símbolo de encierro de la mujer. El tiempo externo nos viene señalado en el marco de la historia, corre el año 1348, año de la Peste Negra en Florencia. La historia que se nos presenta transcurre en días  distintos    (mujer contacta con el amante a través de la pared, visita a la iglesia, días su marido vigilando la puerta de la casa), de este modo el tiempo interno se dilata en varios días.
Recursos expresivos
Tipología textual: nos encontramos ante un texto literario narrativo (queda claramente reflejado en el último párrafo del fragmento) con un discurso en estilo directo de la mujer         ( líneas 1 -22) en el que predominan los verbos en presente de indicativo (“agrada”, “ lleva”,        “ eres”…). El subgénero literario es el cuento o parábola cómica, sin intención moralizante y con rasgos destacables como la brevedad, sencillez, acción condensada y el desenlace sorprendente. Respecto a la modalidad discursiva, predomina en este fragmento el diálogo, en este caso, sirve para la explicación de la burla de la mujer a su marido. Tiene un carácter argumentativo pues trata de cubrir el adulterio con el remordimiento del marido por sus celos. El diálogo interior del marido viene marcado por verbos pronominales de pensamiento (línea 24 “se tuvo por burlado”). Destacan algunos adjetivos que caracterizan a los personajes,             (“honrada, discreta mujer”, “desmemoriado, burlado esposo”) y otros que resaltan la oposición (“sabio- tonto”). Estos dos personajes presentan cierta evolución. El marido celoso termina convencido de la fidelidad de su mujer y despojándose de sus celos y la esposa pasa de un estado de sumisión, al principio del relato, a rebelarse por esos celos, buscar un amante, burlar a su marido e ingeniárselas para poder darle la lección y seguir posteriormente disfrutando de su amante.
Respecto a los recursos literarios, ya en la primera línea del párrafo narrativo queda patente el periodo boccaccesco, amplio y majestuoso (“El desdichado celoso…necesidad de ellos”) predomina el hipérbaton (“ al oír esto se tuvo por burlado”), la hipotaxis ( en varios apartados del fragmento),  expresiones coloquiales y vulgares ( “ un borrego por los cuernos al matadero”), pleonasmo (“ soy ciega de los ojos de la cara”) para dar intensidad al discurso argumentativo femenino, estructura repetitiva y paralela para defender la mujer su inocencia (“ Te dije…,Te dije…”), preguntas y exclamaciones retóricas en el discurso para revelar la burla y mover al marido a que vuelva a ser sensato, metáforas y personificaciones    (“ animal eres”, “ por los celos te has dejado cegar”..) y todo un trabajo expresivo que, en definitiva, evidencia un estilo reflexivo sobre el propio nivel literario, un gran esmero en la elaboración y un modo de hablar ágil, expresivo, eficaz y realista en los diálogos directos.

martes, 6 de noviembre de 2012

Respuesta a la pregunta 3

Exponga el tema del fragmento y relaciónelo con el resto del Decamerón
Este fragmento pertenece al quinto relato de la VII jornada del Decamerón. El tema del fragmento es la confesión de la burla que una ingeniosa mujer realiza a su celoso marido y sigue la línea del tema principal de toda la jornada séptima: las burlas que por amor o por su propia salvación las mujeres han hecho a sus maridos, habiéndose ellos apercibido o no.
La burla de este relato está muy elaborada y, en este caso, se basa en la venganza de la astuta mujer, además, apoyada por la narradora o el propio autor, que están en contra de las actitudes que presentan los maridos con celos infundados.
En el relato aparece el tópico del triangulo amoroso (marido, mujer, amante), heredado de la tradición literaria y del flabiaux francés, así como el tema de la mujer ingeniosa y vengativa, que en este caso, llevará la consumación del adulterio al final del relato , consiguiendo ocultar sus verdaderos propósitos. Este motivo de la mujer ingeniosa aparece en toda la jornada VII y en la jornada VIII. No debemos olvidar que el autor se dirige a un público femenino que se encuentra en una situación social desfavorable y es una forma de denunciar esta desigualdad femenina en  la época. 

Las astucia, el ingenio y las respuestas rápidas ante problemas se rastrean también en las jornadas tercera, sexta y octava,, y las tretas femeninas especialmente en obras como El asno de oro (relato de la tinaja/Apuleyo), Libro de Buen Amor (relato de Pitas Payas/ Arcipreste de Hita), en el Disciplina Clericalis (el relato del pozo) o la colección de cuentos Sendebar ( el relato del joven que sale huyendo y gritando con el puñal en la mano).

Texto examen Decamerón

Os dejo el texto del examen del Decamerón para que ahora podáis leerlo con tranquilidad:

-Me agrada mucho cuando a un hombre sabio lo lleva una mujer simple como se lleva a un borrego por los cuernos al matadero; aunque tú no eres sabio ni lo fuiste desde aquel momento en que dejaste entrar en el pecho al maligno espíritu de los celos sin saber por qué; y cuanto más tonto y animal eres mi gloria es menor. ¿Crees tú, marido mío, que soy ciega de los ojos de la cara como tú lo eres de los de la mente? Cierto que no; y mirando supe quién fue el cura que me confesó y sé que fuiste tú; pero me propuse darte lo que andabas buscando y te lo di. Pero si hubieses sido sabio como crees, no habrías de aquella manera intentado saber los secretos de tu honrada mujer, y sin sentir vanas sospechas te habrías dado cuenta de que lo que te confesaba era la verdad sin que en ella hubiera nada de pecado. Te dije que amaba a un cura; ¿y no eras tú, a quien equivocadamente amo, cura? Te dije que ninguna puerta de mi casa podía estar cerrada cuando quería acostarse conmigo; ¿y qué puerta te ha resistido alguna vez en tu casa donde allí donde yo estuviera has querido venir? Te dije que el cura se acostaba conmigo todas las noches; ¿y cuándo ha sido que no te acostases conmigo? Y cuantas veces me mandaste a tu monaguillo, tantas sabes, cuantas no estuviste conmigo, te mandé a decir que el cura no había estado. ¿Qué otro desmemoriado sino tú, que por los celos te has dejado cegar, no habría entendido estas cosas? ¡Y te has estado en casa vigilando la puerta y crees que me has convencido de que te has ido fuera a cenar y a dormir! ¡Vuelve en ti ya y hazte hombre como solías ser y no hagas hacer burla de ti a quien conoce tus costumbres como yo, y deja esa severa guarda que haces, que te juro por Dios que si me vinieran ganas de ponerte los cuernos, si tuvieras cien ojos en vez de dos, me daría el gusto de hacer lo que quisiera de guisa, que tú no te enterarías!
El desdichado celoso, a quien le parecía haberse enterado muy astutamente del secreto de la mujer, al oír esto se tuvo por burlado; y sin responder nada tuvo a la mujer por sabia y por buena, y cuando tenía que ser celoso se despojó de los celos, así como se los había vestido cuando no tenía necesidad de ellos. Por lo que la discreta mujer, casi con licencia para hacer su gusto, sin hacer venir a su amante por el tejado como los gatos sino por la puerta, discretamente obrando luego, muchas veces se dio con él buenos ratos y alegre vida.

Iré publicando las respuestas a las preguntas 3, 4 y 5...

domingo, 4 de noviembre de 2012

Contenidos VII jornada


Para aquel o aquella que quiera recordar, a modo de esquema, el contenido  de los cuentos de la Jornada VII:
1.- Espantajo/ calavera del asno
2.- Tinaja/tonel
3.- Fraile/lombrices
4.- Pozo
5.- Marido/cura
6.- Puñal/carrera/gritos
7.- Marido disfrazado de mujer en el jardín
8.- Cordón dedo pie
9.- Tres pruebas/ peral